Cuba Solidaridad

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La Integración Latinoamericana. Un camino inconcluso

Un camino inconcluso
Jose Bell Lara
FLACSO CUBA

En el continente de todas las sangres no hay espacio para una sola razón ni para un único discurso. El nuestro será el continente de la polifonía, de las voces que discurren en contrapunto, de las disonancias incluso. Nada más propio de nuestro barroco americano. Por esto en nuestros INTEGRATEMAS hemos procurado presentar diferentes visiones, sin pretender nada parecido a una ortodoxia. Nos acompaña la sospecha que será de la experiencia de nuestros pueblos, más que de los discursos, de donde saldrán las mejores razones y la gramática misma de la construcción de una América Latina unida, democrática y de veras justiciera.


El estimulante texto del profesor cubano José Bell Lara que nos honra presentar, es una de las voces que interviene en la elaboración de la necesaria teoría de la integración de Nuestra América. Este libro aborda las ideas y los procesos integracionistas de la región de 1930 a hoy. En un serio esfuerzo de interpretación, el autor nos presenta las determinaciones históricas de los fracasos y las razones igualmente históricas para persistir en el sueño de los mejores hijos de esta tierra, esto es, hacernos fuertes por la unión y por la unión alcanzar la Patria Grande que merece nuestra gente.

En apretada síntesis, este es el argumento vertebral de este ensayo: en el siglo XIX, la unión latinoamericanista fue una propuesta de ideólogos que no encontraron el sujeto social y político capaz de realizarla,en el siglo XX se la apropió una burguesía arropada en el discurso Cepalino-populista pero resultó incapaz de llevarla a feliz término. El profesor Bell nos explica cómo y por qué, esa misma burguesía –en el contexto de la imposición del neoliberalismo y actuando con la lógica que la acompaña desde la cuna como una tara congénita–, abdicó del proyecto de erigir sociedades y estados realmente soberanos y se conformó con ser la garra de la exacción, el miserable apéndice del proyecto imperial. En términos de integración, ello se expresa en la fórmula del regionalismo abierto.

El regionalismo abierto es la racionalización de la claudicación, o si se quiere, la declaración de impotencia de élites cuyo destino es la subordinación y la dependencia. Pero se equivocaría –y sería grave yerro– postular que el fracaso de las élites sea la condenación de nuestras sociedades y nuestros pueblos. Bell insiste con firmeza en los sueños del siglo XIX. En su concepto, la unión de nuestros pueblos y naciones es el camino ineludible para avanzar hacia nuevas realidades. Aquí aparece entonces la cuestión clave de quién pueda ser el sujeto que realice la empresa de la genuina integración.

El profesor Bell apuesta por los pueblos y considera que la otra integración, contrapuesta a la anexión que propone el capital transnacional, será el resultado de su lucha. Podríamos decir, con palabras que no son del autor, que todo depende de la compleja constitución de un sujeto nacional-popular capaz de articular la reivindicación de la soberanía nacional con la más profunda transformación de las relaciones sociales, aunadas una y otra a un reencuentro de nuestras sociedades con lo mejor de sí mismas que se expresará, sin duda, en las mentalidades colectivas y en sus expresiones estéticas. El desafío es descomunal. Hacerse a la fuerza y la lucidez necesarias para enfrentar la agonía del Impe- rio, que como todos los imperios en decadencia vivirá

sus postrimerías con brutalidad desesperada. Como también, superar la fragmentación y la dispersión impuestas, para configurar el poder capaz de transformar el desorden actual de injusticia y opresión y al mismo tiempo asumir la propia transformación saliendo de la transida resignación y el fatalismo paralizante para devenir en sujeto de su propio destino. Es el reto del siglo XXI y será su principal logro. La perspectiva de la otra integración alcanza, así, su dimensión propia. No el bello sueño de ideólogos, ni el devaneo impotente de elites que llegaron a la existencia viejas y cansadas. Sí el proyecto político de pueblos vigorosos que al tiempo que resisten a la imposición del librecambio y la mercantilización de la vida, avanzan con ambición y sin temores en sentar las bases del futuro. La antinomia resistencia o integración genuina es un falso dilema, cuya formulación desafortunada rebate la experiencia cotidiana de nuestros pueblos.

Con evidente simpatía, el profesor Bell nos presenta lo que el proceso del ALBA significa en cuanto promesa de futuro llamada a fecundar otros empeños integracionistas en curso, a la vez que nos ilustra las dificultades y limitaciones que lo aquejan. Acaso un Un camino inconcluso observador avezado pueda agregar otros faltantes. Con todo, el autor invita a apropiarse del proceso real, que por ser real es incompleto, contradictorio y preñado de insatisfacciones, lo que sólo apesadumbra a quienes ven la historia desde la perfección de sus esquemas, y en cambio nos llama a asumirlo como aliciente para profundizar en la búsqueda afanosa de mejor suerte.

Luego de la larga noche neoliberal despunta un nuevo día. La oscuridad no cede del todo. La luz se abre paso. Los personeros de la subordinación y la dependencia están dispuestos a sacrificarlo todo, incluida la existencia de nuestras naciones, con tal de perpetuar sus privilegios. Quienes apuestan por la democracia sustancial que es autodeterminación individual y colectiva salen de inseguridades inveteradas a certezas inéditas y están dispuestos a los mayores sacrificios para conquistar sus derechos. En este duelo, cada uno encontrará su sitio, que no debiera ser otro que el de “con los pobres de la tierra / quiero yo mi suerte echar” que dijera el poeta, el mismo que nos propone José Bell en su trabajo.